El trabajo informal en la gig economy puede ser analizado como un ensamblaje sociotécnico donde la labor humana y los sistemas tecnológicos, como los algoritmos, interactúan de forma inseparable. La gestión algorítmica impacta de manera significativa en la precarización del trabajo al establecer un sistema de control automatizado que priva a los trabajadores de su autonomía y desplaza los riesgos laborales hacia ellos. Este modelo de taylorismo líquido utiliza algoritmos opacos, concebidos como cajas negras, que asignan tareas, monitorean el rendimiento en tiempo real y aplican sanciones o recompensas basadas en grandes volúmenes de datos. A través de procesos de búsqueda de sentido (sensemaking) e intercambios en canales informales como grupos de WhatsApp, los trabajadores decodifican las cajas negras algorítmicas para eludir sanciones o realizar un hackeo social que mejore su rendimiento. Así, el trabajo se percibe como una relación de coproducción y tensión, o un pharmakon, que funciona simultáneamente como una fuente de ingresos y un sistema de explotación automatizada.